Visita al Museo del Convento de Santa Rosalía (Sevilla)

Museo del Convento de Santa Rosalia (Sevilla)

Calle Cardenal Espínola
41002 Sevilla
Horario: Del 11 de diciembre al 5 de enero. De lunes a domingo de 11 a 14 y de 17 a 20’30 horas. Los días 25 de diciembre y 1 de enero permanecerá cerrada.

Fecha de la visita: 30-01-2013

Nuestra visita comienza a las 1215h. Nos recibe y cobra la entrada (3 eur) el hermano mayor de los Humeros, Antonio Martínez Rull, quien nos manifiesta que es historiador y que está preparando su tesis doctoral sobre el Convento y su Patrimonio. A continuación nos acompaña y explica el contenido del Museo.

205-Convento El arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, inauguró y bendijo el pasado día 17-12-2012  el Museo permanente del Monasterio de Santa Rosalía, en la calle Cardenal Spínola, en el que se muestra el patrimonio histórico, artístico y devocional que las clarisas capuchinas han custodiado desde hace tres siglos.

Más de 150 piezas, entre imaginería, lienzos, ajuares, bordados… custodiadas por las monjas de este convento desde el año 1701.  se muestran por primera vez al público perfectamente identificadas en una exposición única, en salas independientes de la clausura,

La visita, en la planta alta del monasterio, se extiende por las dependencias del antiguo noviciado, el antecoro y el coro alto, desde el que se pueden admirar unas extraordinarias vistas de la iglesia y de su retablo mayor, Sin títulolabrado por Cayetano de Acosta. Arranca el recorrido en el llamado Paso del Calvario, presidido por un pequeño Crucificado del XVI hecho de papel, ante el que las monjas de la comunidad, después de los oficios, pasan rezando toda la noche del Viernes Santo en vigilia de oración.

El siguiente hito es el altar de las Jornaditas, ante el que la religiosas celebraban antaño una noveva entre el 16 y el 24 de diciembre “que conmemoraba los pasos que recorrió la Virgen desde Nazaret a Belén para tener al Niño”, tradición que ha rescatado la hermandad de los Humeros en su ermita de la calle Torneo recuperando incluso los cantos originales del XVIII.

Una galería con los cuadros de las abadesas del convento conduce al visitante hasta una sala donde se exhibe una gran parte de la extraordinaria colección de imágenes del Niño Jesús que posee el cenobio, así como su variado ajuar de trajes y ornamentos. Llaman la atención algunos de los Niños limosneros expuestos, custodiados en urnas en forma de huchas con las que las religiosas salían a la calle a pedir limosna para el convento. Al otro lado de la sala, se encuentra el llamado Cristo del Capítulo, también de papelón, que debe su nombre a su primitiva ubicación en el monasterio, en la sala del Capítulo, donde la comunidad se reune semanalmente para oír la exhortación de la Madre Abadesa y dirimir los asuntos del convento.

La Virgen de la Candelaria con garbancito santa-roaslia-5--146x180En el antecoro se han reunido las piezas dedicadas al culto de la Virgen, exhibiéndose en pequeños altares imágenes de las principales devociones de la comunidad, caso de la Pastora, la Virgen de los Reyes o una Virgen Niña. Virgen de la Candelaria, que sigue procesionando por el convento cada 2 de febrero portada por la abadesa y alumbrada por velas por el resto de las hermanas. Lleva entre sus brazos a un delicioso Niño que conocen como «Garbancito». Porque los apodos cariñosos están presentes en los Niños Jesús de estas monjas; varios de ellos son de Cristóbal Ramos, como «El esposito», que diariamente preside el recreo de la comunidad capuchina en medio de la sala; el «Curita», que posee un amplio ajuar de ropas que recorren el tiempo de un sacerdote desde su ordenación hasta su

Una de las salas, con vestimentas litúrgicas del XVIII, Niños Jesús y el Cristo del Capítulo, crucificado dieciochesco de papel recién restaurado

Una de las salas, con vestimentas litúrgicas del XVIII, Niños Jesús y el Cristo del Capítulo, crucificado dieciochesco de papel recién restaurado

erección como Papa y que antiguamente cambiaban de casulla a diario según la que llevara el sacerdote; o el «Buchito», un delicioso Niño mofletudo cobijado en uno de los limosneros. En esta sala también se puede admirar parte de la producción del “importante taller de bordado propio” con el que contó el cenobio en el siglo XVIII. Obra de este taller son los paños cubre cáliz que se exhiben.

Al margen de admirar obras antes nunca expuestas de indudable sabor conventual, la visita al museo de Santa Rosalía posee un segundo aliciente: el de pasear por las estancias del cenobio captando sus silencios, respirando el perfume de sus tres siglos de historia o sintiendo cómo, en el coro alto, la madera cruje bajo los pies.

Antes de ingresar en el coro alto, donde se condensan las piezas más relevantes, el visitante ha de detenerse

Cardenal Francisco de Solís Folch

Cardenal Francisco de Solís Folch

ante una enorme cristalera que guarda el hábito original, plagado de remiendos, de la fundadora y primera abadesa del convento, Josefa Manuela de Palafox y Cardona, hermana del que fuera arzobispo de Sevilla Jaime de Palafox.

Ya en el coro alto, última sala de la visita, el público puede recrearse en la contemplación de varios altares en miniatura realizados con una original técnica de viruta de papel (celulosa policromada y dorada). También sobresalen los conjuntos escultóricos de Los Desposorios de San José y la Virgen, así como una Piedad, obras ambos de Cristóbal Ramos.

En una vitrina se exhiben asimismo objetos del ajuar doméstico del convento, llama la atenciín la lateja de hierro que emplea la comunidad para llamar a las monjas según el número de toques. “Para llamar a la madre abadesa se utilizan cuatro toques dobles”, detalla Antonio Martínez.

Lienzos como el de la Sagrada Familia de Juan de Espinal, esculturas como el San José de Juan de Astorga, enseres de orfebrería como la Custodia del convento.

130-Retablo MayorA través de la reja del coro, Antonio nos explica la composición de las obras integradas en el Altar Mayor y el resto de la iglesia dando por finalizada así nuestra visita.

Las dieciséis clarisas capuchinas encabezadas por la abadesa, la madre María Dolores Otero, han visto cumplido el sueño de mostrar su patrimonio a Sevilla y conseguir ayuda para el mantenimiento del monasterio.

Podrán concertarse visitas en: museo.capuchinas.sevilla@gmail.com

La fundación

Todo el recinto en el que Sor Josefa Manuela de Palafox Cardona fundara en 1701 en Sevilla el convento bajo el auspicio de su hermano, el arzobispo Jaime de Palafox, que trajo desde Palermo la devoción a Santa Rosalía, sucumbió en un pavoroso incendio del 13 de agosto de 1761, en el primer día del triduo por el patronato de España y América de la Inmaculada. Una pavesa de la mucha cera que había en el culto o una vela que cayó sobre flores de tela en el altar mayor, prendió el fuego, que se propagó rápidamente y pasó de la iglesia a la clausura. Las crónicas de la época dan cuenta de la magnitud del incendio que amenazaba a las casas aledañas al convento. Todo quedó destruido, pero el Santísimo pudo ser salvado y llevado al Sagrario de San Lorenzo y las mojas fueron rescatadas y trasladadas al convento de San Clemente. En este punto de la historia de aquella tragedia, surge una leyenda que recoge que en el fragor del fuego se escuchó una voz: «Llevadme con mis hijas», «llevadme con mis hijas». Las palabras salían del sepulcro de Sor Josefa. Al abrirlo, se comprobó que su cuerpo permanecía incorrupto. Así, la fundadora fue llevada con sus hijas y se abrió un proceso de beatificación, que quedó paralizado, precisamente, por haber sido abierta la tumba. Sor Josefa Manuela, no obstante, ya había predicho que nunca sería santa, según narra Antonio Martínez.

El cardenal Francisco Solís Folch Cardona —sobrino de la fundadora—, a la sazón arzobispo de Sevilla, ordenó que las obras se iniciaran inmediatamente, «con otras tantas más ventajas, quanto huviesse reducido a cenizas la llama», acorde al «Patronato de su Dignidad» y pagando prácticamente de su bolsillo la recuperación del convento. A los tres años volvía a estar levantado el cenobio y recibió en procesión el cuerpo de la fundadora. Es la historia de este recinto de clausura, desconocida para algunos. Con realidades que pasan inadvertidas, como el lujo de presenciar ese momento de la Madrugada en el que las monjas de Santa Rosalía salen al atrio de su iglesia en la estrecha calle Cardenal Spínola para cantarle al Gran Poder desde detrás de la reja. Son los ritos de esa Sevilla íntima y sentimental que guarda la estampa del lugar de honor que ocupan las monjas en la Hermandad de la Vera Cruz, que cada Viernes de Dolores va en via crucis expresamente hasta el monasterio para llevarles el Cristo, justo antes de subirlo al paso para su salida procesional de Lunes Santo, y que el segundo domingo de septiembre traslada a la Virgen de las Tristezas hasta el cenobio para que presida la Función de los Dolores Gloriosos, según narró el hermano mayor de la Vera Cruz, Francisco Berjano, quién también explicó que las religiosas rezan el Lunes Santo mientras la cofradías realiza su estación de penitencia y que el Jueves Santo, tanto los Humeros como Vera Cruz celebran junto a las clarisas capuchinas los Santos Oficios.

Igualmente, y por derecho propio, la Hermandad de los Humeros, lleva a su Divina Pastora cada 12 de octubre y celebra un Rosario de la Aurora hasta allí con su coro de campanilleros, el único que ha recuperado coplas del siglo XVIII, una tradición que se perdió en Sevilla.

Para ver mas fotos del Convento de Santa Rosalía pincha aquí.

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