Castillo de San Jorge (Sevilla)

Visita al Castillo de San Jorge (Sevilla)

Taller "Conocer Sevilla"
Fecha de la visita: 17-03-2010

Hace poco (4-12-2009) el Ayuntamiento de Sevilla ha procedido a la musealización del Castillo de San Jorge en Triana, y a ella se dedicò un presupuesto cercano a los 1,2 millones de euros con cargo al Plan Turístico.Este recurso turístico tiene la particularidad histórica de haber sido sede del Tribunal de la Santa Inquisición, y albergará un Centro Temático de Interpretación incluido dentro del Plan Turístico Sevilla 2006-2009.

El concepto en torno al cual gira la tematización del Museo es alcanzar un marco de reflexión sobre injusticias como el abuso de poder, la intolerancia o la indefensión y proponer una mirada a los procesos para combatirlas como el respeto, la solidaridad o la tolerancia.

Sevilla fue la capital espiritual de la Santa Inquisición en España, estableciéndose en 1480 y donde ya se conocen casos de condena del tribunal en 1481, año en el que fueron quemadas en la hoguera más de 2000 personas. En 1520, el número de condenados superó los 30.000, de estos unos 4000 condenados a la hoguera.

Fue en la actual Iglesia de la Magdalena, erigida a fines del S. XVII sobre la misma planta de la antigua iglesia del convento de San Pablo el Real de los dominicos, que fue la primera sede de la Inquisición en Sevilla, establecida por los dominicos Fray Miguel de Morillo y Fray Juan de San Martín.

De aquel oscuro periodo histórico de la ciudad, aun se conserva en sus muros el fresco pintado por Lucas Valdés que representa un auto de fe y a un hereje que es conducido al quemadero identificado tradicionalmente con Diego López Duro, un mercader de Osuna (Sevilla), de origen portugués, que fue quemado vivo por delitos de judaísmo el 28 de octubre de 1703. Por ello esta pintura se conoce como El Suplicio de Diego Duro.

El alto número de presos y presuntos herejes o infieles hizo que aquel primer recinto del Convento de San Pablo se quedara pequeño, por lo cual se tuvo que pensar en habilitar una nueva sede. Siendo Inquisidor General de España Don Fernando Valdés, cardenal arzobispo de Sevilla, en el margen del Guadalquivir, junto al arrabal de Triana, estaba el Castillo de San Jorge, que fue edificado sobre los restos de una antigua fortaleza árabe, y que contaba con 26 cárceles secretas, las cuales eran calificadas por el mismísimo Santo Oficio en el S. XVII como "antros de horror, hediondez y soledad".

Estas estaban orientadas al Altozano, a la calle San Jorge y a la calle Castilla. Dentro del castillo se encontraba también la Iglesia de San Jorge, primitiva parroquia de Triana. La Inquisición estuvo establecida en el castillo desde 1481 a 1785, comenzando las actuaciones desde este en 1482 y utilizando para realizar sus autos de fe, primero las gradas de la Catedral, y más tarde en la Plaza de San Francisco, aunque la mayoría tuvieron lugar en la iglesia de Santa Ana, además de la de San Marcos y en el convento de San Pablo.

Según el historiador Ortiz de Zúñiga, en su libro Anales de Sevilla, en el castillo se colocó la siguiente inscripción en latín: "Sanctum Inquisitionis officium contra hereticorum pravitatem in hispanis regnis initiatum est Hispali, anno MCCCCLXXXI, sedente in trono apostolico Sixto IV, a quo fuit concessum, et regnantibus in Hispania Ferdinando V et Elisabet, a quibus fuit imprecatum. Generalis inquisitor primus fuit frates Thomas de Torquemada, prior conventus Sanctae Crucis segoviensis, ordinis predicatorum. Faxit Deus ut, in fidei tutelam et augmentum, in finem usque saeculi permaneat, etc. -Exurge, Domine, judica causam tuam.- Capite nobis vulpes".

Los reos condenados eran encarcelados en el Castillo de San Jorge y los condenados a la hoguera, eran trasladados hasta el quemadero de San Diego, en los terrenos de la actual Tablada, que fue utilizado por ultima vez en 1781. Pero no solo se quemaron judios, hay constancia de la quema de clerigos y frailes, dandose el caso de quemar de manera postuma, aquellos condenados muertos con anterioridad al juicio, desenterrando sus huesos de los cementerios de la ciudad, por aquel entonces en la Trinidad, San Agustín y San Bernardo, para ser quemados.

Tal dureza se empleaba en la Inquisición sevillana que el Papa Sixto IV en 1482 dijo sobre ella "Proceden sin observar ningún orden de derecho, encarcelan a muchos injustamente, les someten a duros tormentos, les declaran herejes y expolian sus bienes de los que han matado", pero decidió, como ya hemos contado, independizarla y lavarse las manos, como ya hiciera en su momento Pilato.

Más de 120 años después del comienzo de la Inquisición en Sevilla, Fernando Niño de Guevara, Inquisidor General que se caracterizó por su intransigencia, durante su cargo mando ejecutar a más de 2.000 personas, teniendo que renunció al cargo por orden del Rey en 1602. Un año antes, en 1601, fue nombrado Cardenal de Sevilla, donde ejerció el cargo hasta su muerte.

En 1604, Niño de Guevara publicó unas disposiciones en las que mandaba un estricto control sobre la población morisca para procurar el cumplimiento de los preceptos de la iglesia y para que los niños fuesen educados en la fe cristiana, siendo en 1609, ya muerto el Cardenal, cuando se publicó el bando de expulsión de los mismos.

El edificio, ubicado junto al mercado de abastos de Triana, consta de varias salas y espacios expositivos que proponen un recorrido histórico por la que fue sede del Tribunal de la Santa Inquisición entre los siglos XV y XVIII.

Al centro, ahora llamado Museo de la Tolerancia, se puede acceder de forma gratuita y permanece abierto todos los días. El castillo, con 1.400 metros cuadrados de exposición divididas en dos plantas, cuenta con seis partes diferenciadas donde se pueden encontrar una sala sensorial, una pasarela interpretativa, una galería de personajes o un muro de la reflexión.

De prisión a plaza de abastos

En la parte superior, se encuentra la sala sensorial en la que, en cada uno de los tres «cubos» que la componen y a través de una serie de videoinstalaciones conceptuales, se descubre la fuerza de las imágenes y el visitante se siente partícipe del juicio de valores, el abuso de poder o el tratamiento a las víctimas.

En la parte inferior, se encuentran los restos arqueológicos del castillo San Jorge que se pueden ver mediante visita guiada o libre, ya que todo el recorrido está marcado mediante una pasarela desde la que se pueden contemplar las ruinas, leer la historia del edificio y ver el audiovisual sobre un proceso inquisitorial ficticio.

La construcción del castillo de San Jorge, que contenía diez torres, tres daban al río, una al altozano, cuatro a la calle San Jorge y dos al inicio de la calle Castilla, tras la reconquista de la ciudad por parte de Fernando III fue entregada a los Caballeros de la Orden de San Jorge de quienes toma su nombre. El castillo era un recinto amplio de cárceles secretas y en la parte baja de la torre de San Jerónimo, la cámara de tormento. Las cárceles, denominadas altas en ocho de las torres, y las bajas al nivel del patio, estaban expuestas a humedades e inundaciones y quedaron totalmente incomunicadas.

A principios del siglo XIX se lleva a cabo la demolición del Castillo, el Santo Oficio se traslada al Colegio de las Becas, al final de la Alameda, hasta su abolición en 1820. En los siglos XIX y XX el terreno se convierte en mercado de abastos al aire libre, hasta el año 1992 en el que se inicia el proceso de excavación, recuperación y posterior musealización.

Es cierto que del castillo de San Jorge no queda gran cosa. Sólo el pavimento y algunos lienzos de las casas de los inquisidores y otros espacios como la capilla o la sala de audiencias. De las cárceles secretas, divididas en las celdas altas y las bajas, no queda nada. Así que habrá que imaginarlo.

Con esta intención se ha intentado crear una museografía basada en la recreación virtual, en la videoinstalación y en efectos sensoriales. Por un lado, se plantea una lectura visual a aquellos visitantes con ‘poca’ imaginación para recrear cómo fue el lugar en el pasado y, por otro, se intenta que con esta inmersión virtual el público no quede indemne sino noqueado por la fuerza simbólica del escenario.

En la parte final del recorrido hay un panel de reflexión con una videoinstalación. "El visitante sentirá esa sensación de desvalimiento que tenían los acusados de no saber por qué estaban allí, algo parecido a lo que han provocado los sistemas de poder a lo largo de la Historia. Se pretende que el público se sienta integrado, que sepa que este lugar tiene que ver con él, que habla de él y de todos, porque esto sigue ocurriendo en el mundo".

Así, el visitante entra por un acceso que finalmente esta dentro del mercado de Triana y no en el Paseo de la O como en un principio se había pensado.

La sala de entrada se denominará sala sensorial con una propuesta a través de videoinstalaciones basadas en el concepto de abuso de poder y el sufrimiento de un juicio de valor. "No lo hemos planteado con una referencia concreta a la época inquisitorial en Sevilla, sino con una perspectiva más general sobre la intolerancia", apunta el arquitecto Valentín Trillo.

Luego, el itinerario transcurre por una pasarela que lleva a la antigua barbacana, ya en la parte inferior. En esta zona se ha conservado el pavimento original del paseo abierto dentro del recinto amurallado y que conducía al antiguo puente de barcas, que desapareció con la construcción del puente de Isabel II a mediados del siglo XIX. Se trata de las calles que separaban los distintos espacios como la casa del inquisidor, la vivienda del notario o la sala de audiencias, la parte mejor conservada del castillo.

Una parte del recorrido esta centrada en recrear el castillo de San Jorge a lo largo de los siglos. Con este motivo, se exponen restos arqueológicos, una maqueta del edificio y su entorno y diversos gráficos históricos de Sevilla.

Para reconstruir las casas de los inquisidores o la capilla del castillo se ha planteado un vídeo-bucle que muestra cómo era el espacio originalmente y cómo el tiempo fue convirtiéndolo en la actual ruina.

En la sala de audiencias hay tres cajas con lonas en las que se proyecta la historia novelada de una dama ajusticiada con escenas del proceso y ajusticiamiento de un personaje que podría recordar, por ejemplo, las trágicas historias de doña Isabel de Baena o doña María de Bohórquez, ajusticiadas en el quemadero del Prado de San Sebastián en el auto de fe de 1559 que acabó con los herejes protestantes.

En la zona donde se encontraban las cárceles ahora sólo queda un muro. Un muro que podría contar historias terribles. Por esta razón, los responsables del proyecto museográfico han instalado el llamado panel de las víctimas con el relato de casos reales de víctimas de la Inquisición, como si pudiéramos rescatar cualquiera de los procesos que el historiador Antonio Domínguez Ortiz publicó en su fundamental ‘Autos de la Inquisición de Sevilla’. La historia de miles de judaizantes, moriscos, protestantes, alumbrados o de víctimas de delitos de costumbres como bígamos, blasfemos o sodomitas.

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