La aventura modernista en las colecciones del MNAC

                         

La aventura modernista en las colecciones del MNAC

Fecha de la visita: 07-mayo-2009
Exposición en el Museo de Bellas Artes de Sevilla
Inicio 19/03/2009 / Fin 31/05/2009
 

El Museo de Bellas Artes de Sevilla Y MNAC, gracias a la colaboración de la Obra Social de Caixa Catalunya, presentan la exposición La Aventura modernista en las colecciones de Museo Nacional de Arte de Cataluña, con el objetivo de transportarnos a uno de los períodos más fértiles de la cultura y del arte de la Barcelona del fin del siglo XIX, cuando la ciudad pasó a ser escenario privilegiado del Modernismo. A partir de una selección de cerca de 50 obras, incluyendo pintura, escultura o dibujo, se pretende ofrecer una visión de síntesis de este movimineto de transformación global de la cultura catalana, integrado en las corrientes artísticas más innovadoras.

De carácter itinerante, ‘La aventura modernista’ –que agrupa en torno a la mitad de los fondos pictóricos de esta corriente que posee el MNAC– arranca su recorrido en Sevilla para viajar posteriormente al Museo Regional de Arte Moderno de Murcia, en Cartagena, y a la Lonja del Ayuntamiento de Zaragoza. En el caso del Bellas Artes sevillano, su director, Antonio Álvarez, explicó que «esta muestra sirve de contrapunto a la colección permanente de nuestra pinacoteca. En ella no hay nada igual. Los visitantes podrán ver algo diferente a lo que están acostumbrados», declaró.

 Cronológicamente, la exposición se sitúa entre 1891 –año en el que Ramón Casas y Santiago Rusiñol expusieron en la Sala Parés de Barcelona ante la indiferencia del público– y 1911, cuando la generación posterior pasó a liderar el arte catalán. Entre estas dos fechas está lo más sobresaliente de la producción del modernismo catalán. A saber, Isidre Nonell, Joaquim Mir, Ricard Canals, Joaquim Sunyer, Francesc Gimeno, Nicolau Raurich o Pablo Gargallo, al margen de los ya citados Casas y Rusiñol..

 La exposición consta de unas 50 obras del modernismo catalán de autores como Gaudí, Domènech i Muntaner, Josep Llimona, Eusabi Arnau, Pablo Gargallo, Santiago Rusiñol, Ramón Casas, Isidre Nonell, Joaquim Mir, Miquel Utrillo, Josep Clarà, Alexandre de Riquer, Lluís Masriera, entre otras. Las obras, en pintura, escultura, mobiliario y artes decorativas, provienen del fondo del Museu Nacional d’Art de Catalunya.

 La exposición se abre con una fotografía de grandes dimensiones de la Casa Milà, La Pedrera, la obra civil más representativa del arquitecto Antoni Gaudí, tomada a comienzos de la pasada centuria. Del genial arquitecto se ha incluido en la muestra una de las rejas de los balcones del citado edificio. Por lo demás, Ramón Casas es el artista más representado, con 13 obras, entre ellas los retratos de Baroja, Galdós y Azorín. Le sigue Isidre Nonell, con seis, y Joaquim Mir y Francesc Gimeno, con cuatro.

En esta muestra, que estará en el Museo de Bellas Artes de Sevilla hasta el 31 de mayo, el modernismo se puede seguir además en la escultura, con piezas de Blay, Llimona y Gargallo, y en las artes decorativas, con la composición de Lluís Masriera y la reja de La Pedrera concebida por Gaudí. Para ilustrar esta parcela se echa más en falta, por ejemplo, carteles, muebles, joyas o libros, por no citar las revistas Quatre Gats y Pèl & Ploma.

ART NOUVEAU Y MODERNISMO

El modernismo fue uno de los períodos más fértiles de la cultura y del arte de la Barcelona del fin del siglo XIX. El gran desarrollo que tuvo lugar en Cataluña de aquella época propició la consolidación de una nueva burguesía que buscaba sus signos de identidad en las nuevas tendencias artísticas europeas y que convirtió Barcelona en una ciudad cosmopolita.

El movimiento modernista vino marcado por el llamado Art Nouveau que se extendió desde París a distintas partes de Europa y que inspiró a los más destacados artistas y artífices catalanes que consiguieron una perfecta integración de las artes. Entre estos personajes, destacan nombres como Gaudí, Puig i Cadafalch, Domènech i Montaner, Casas, Rusiñol, Nonell, Mir, Homar, Busquets, Blay, Arnau y los hermanos Llimona, entre otros.

VARIOS DE AQUELLOS ARTISTAS ESTUVIERON COMPROMETIDOS CON LA CLASE OBRERA DE LA ÉPOCA

Joaquim Sunyer (Sitges 1874-1956) conoció en París las obras de artistas como Daumier y Steinlen, quienes influyeron en las primeras obras del artista catalán. A caballo entre los dos siglos, Sunyer estaba trabajando en una serie de aguafuertes cuya tema es la soledad, la marginación y la pobreza, entre otras obras destacan El trapero, Clochard, Regreso a casa, La sopa boba, y Almuerzo en el hostal, en las que se detecta un acercamiento a las clases más desfavorecidas sin dramatismo de ningún tipo. Los personajes están (como lo haría Steinlen) tratados desde la ternura, la solidaridad, y la complicidad en la pobreza, aspecto éste último que Sunyer sufrió en sus carnes en sus primeros momentos de su estancia en París. Pero también entre 1898 y 1900, Sunyer pinto una serie de óleos, entre los que destacan Matinée (canal Saint-Martin), y Blanchoisseuse, donde el protagonismo es tomado por los trabajadores y la actividad laboral que se desarrolla en los suburbios de las grandes ciudades.

Si el Noucentisme fue un movimiento en cuyo seno se adscribe artistas de corrientes artísticas diferentes, las mismas brotan de la época y de las condiciones sociales. Surge de esta manera, tanto el mundo subproletario de Mir, y su trabajo La catedral de los pobres, como el mundo del anarquismo a través de la obra de Rusiñol, Retratos de anarquistas, además de algunas obras de la España negra de Darío Regoyos, como Víctimas de la fiesta y La procesión de San Vicente, y otras donde Nonell nos introduce en la vida de los gitanos, como se puede ver en la obra La Pilar.

Isidro Nonell (Barcelona 1875-1911) nació en el seno de una familia pobre, al contrario que la mayoría de integrantes de Els Quatre Gats, modernistas que practicaban el arte por el arte, a los que abandona. Encontrando su propio camino en el anarquismo, Nonell dio la espalda a la clase media y comenzó a relacionarse con las clases más pobres, vagabundos, mendigos y gitanos, que se convirtieron motivos de algunas de sus obras. En 1896, La Vanguardia publicaba la obra de Nonell Cretinos de Bohí, dibujos que poco más tarde completaría con una serie en contra del Estado y de la guerra titulada España después de la guerra, incluida en su exposición de Els Quatre Gats de diciembre de 1898.

 

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